Perder el deseo sexual no te define ni significa que “algo esté mal en ti”. Muchas veces es una señal de que algo necesita atención, comprensión y cuidado. El deseo puede cambiar a lo largo de la vida por múltiples factores, y cuando esto ocurre de forma persistente puede generar confusión, frustración o distancia en la pareja. La buena noticia es que entender lo que ocurre es el primer paso para recuperar el bienestar y la conexión contigo mismo y con tu sexualidad.
El Trastorno de Deseo Sexual Hipoactivo (TDSH) en el hombre se caracteriza por una disminución persistente o ausencia del deseo sexual, que se mantiene durante al menos seis meses y genera malestar personal o dificultades en la relación. Puede manifestarse como falta de interés en la actividad sexual, ausencia de fantasías o pensamientos eróticos, o incluso rechazo activo al encuentro sexual acompañado de ansiedad o disgusto. Este trastorno puede estar presente desde etapas tempranas de la vida o aparecer después de un período de deseo normal, y puede darse de forma generalizada o solo en determinadas situaciones, parejas o contextos. Es una experiencia más común de lo que se cree y puede afectar de forma significativa la calidad de vida emocional, relacional y sexual.
Cuando el hombre experimenta angustia, preocupación o insatisfacción significativa con su propia sexualidad, independientemente de lo que piense su pareja. El malestar subjetivo es criterio diagnóstico clave.
Una disminución repentina del deseo sexual previamente normal sugiere causas médicas, psicológicas o farmacológicas que requieren investigación urgente.
Cuando afecta la autoestima, genera ansiedad, depresión, aislamiento social, o limita la vida sexual de manera significativa.
Si el bajo deseo causa conflicto con la pareja, genera resentimiento mutuo, distancia emocional, o está afectando la relación de manera importante, la consulta conjunta es especialmente valiosa.
Las causas incluyen factores biológicos (hormonales, neurológicos, cardiovasculares), médicos (diabetes, hipertensión, apnea del sueño), farmacológicos (antidepresivos, antipsicóticos), psicológicos (depresión, ansiedad, trauma) y relacionales (conflicto de pareja, comunicación deficiente).
No existe una sola causa, frecuentemente coexisten múltiples factores.
Son los factores más frecuentes y con mayor impacto en el deseo sexual:
Factores psicológicos
Depresión mayor, que reduce el interés general por las actividades placenteras (anhedonia), incluido el sexo.
Ansiedad generalizada, que provoca hiperactivación del sistema nervioso simpático e inhibe la respuesta sexual.
Trastorno de estrés postraumático y trauma sexual, especialmente en casos de abuso sexual infantil, que pueden generar aversión, disociación e hipervigilancia durante la intimidad.
Baja autoestima e imagen corporal negativa, que producen vergüenza, inseguridad y la creencia de no resultar atractivo.
Ansiedad de desempeño sexual, caracterizada por el miedo al fracaso, la presión por “funcionar” y un ciclo de evitación de la intimidad.
Factores relacionales
Conflictos crónicos de pareja, con resentimiento acumulado, discusiones frecuentes y falta de resolución.
Falta de intimidad emocional, con comunicación deficiente y sensación de desconexión afectiva o de “vivir con un extraño”.
Comportamientos sexuales adictivos, que pueden disminuir el deseo sexual hacia la pareja estable.
Las causas médicas más frecuentes del trastorno de deseo sexual hipoactivo incluyen:
Hipogonadismo o déficit de testosterona (15–20 %)
Disminución fisiológica de los niveles de testosterona con la edad, hipogonadismo primario (testicular) o secundario (hipofisario). La testosterona es una hormona clave para mantener el deseo sexual. Afecta principalmente a hombres mayores de 50 años, aunque puede presentarse a edades más tempranas.
Diabetes mellitus (8–12 %)
Puede afectar el deseo sexual a través de la neuropatía diabética, la disfunción endotelial y las complicaciones vasculares. Suele reducir tanto el deseo como la función eréctil.
Otras condiciones médicas asociadas
Hipertensión arterial y enfermedad cardiovascular
Síndrome de apnea obstructiva del sueño
Dislipidemia (colesterol elevado)
Hiperprolactinemia
Hipotiroidismo
Enfermedad renal crónica
Enfermedad hepática avanzada
Medicamentos
Algunos fármacos, especialmente los antidepresivos ISRS (como fluoxetina, paroxetina o sertralina), son causas frecuentes de bajo deseo sexual y disfunción eréctil. Paradójicamente, suelen prescribirse para tratar la depresión, que por sí misma ya reduce el deseo.
Determinados hábitos pueden influir de forma directa en el deseo sexual:
Consumo crónico de alcohol, que daña la función testicular y el sistema nervioso.
Drogas como opioides, cocaína o metanfetamina, que alteran la dopamina y la respuesta sexual.
Tabaquismo, que afecta la vascularización, la función eréctil y reduce los niveles de testosterona.
Sobrepeso y obesidad, asociados a resistencia a la insulina, descenso de testosterona y mayor riesgo de depresión.
Sedentarismo o falta de ejercicio, que disminuye la testosterona, aumenta los síntomas depresivos y afecta a la autoestima.
La evaluación integral debe considerar todos los ámbitos simultáneamente para identificar y tratar múltiples factores concurrentes.
Las alteraciones del deseo sexual son condiciones tratables y su abordaje más eficaz combina la evaluación médica con la intervención sexológica. Mientras el enfoque médico se centra en identificar y corregir posibles causas físicas u hormonales, el enfoque sexológico trabaja sobre el deseo, la respuesta emocional, la ansiedad, la autoestima y la dinámica de pareja. La combinación de ambos permite recuperar la motivación sexual, la conexión íntima y el bienestar global.
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El deseo sexual alto normativo implica una atracción fuerte, fantasías activas, frecuencia elevada, pero con control, satisfacción, sin consecuencias adversas. Esto es una variante normal. La hipersexualidad, cuando es clínicamente significativa, es un trastorno médico y psicológico tratable, no una falla moral.
La hipersexualidad es una condición caracterizada por un deseo sexual persistente, intenso e incontrolable que va más allá de lo que el individuo considera normal o deseado.
Se manifiesta como una preocupación obsesiva por el sexo, conductas sexuales frecuentes y compulsivas, y una incapacidad para controlar los impulsos sexuales, a pesar de que estas conductas generen consecuencias negativas en la vida personal, laboral y relacional del hombre.
Es importante notar que aunque los términos se usan frecuentemente como sinónimos, existe una distinción clínica:
• Hipersexualidad: Se refiere principalmente al aumento del deseo y conducta sexual, que puede tener origen neurobiológico u hormonal.
• Adicción Sexual: Va más allá, incluyendo pérdida de control, continuación a pesar de consecuencias negativas, y características típicas del comportamiento adictivo (tolerancia, síntomas de abstinencia, etc.)
No necesariamente. Esta es una creencia muy común pero inexacta que causa angustia innecesaria. Es necesario separar el deseo sexual del amor o compromiso con la pareja.El bajo deseo puede coexistir con amor profundo y compromiso genuino. Las causas reales suelen ser médicas, psicológicas personales, del contexto relacional, del estrés. Muchas parejas con bajo deseo en uno de los miembros resuelven el problema con evaluación y tratamiento apropiados, recuperando intimidad y satisfacción mutua. Sin embargo, es importante ser honesto: si el bajo deseo sí refleja una atracción perdida genuina, incompatibilidad sexual profunda, o resentimiento no resuelto, la terapia de pareja puede ayudar a explorar esto con honestidad.
Sí, muchos medicamentos psiquiátricos afectan deseo sexual, pero no es una elección de «todo o nada». Los medicamentos más problemáticos son los ISRS (fluoxetina, paroxetina, sertralina), con un 40-60% de usuarios que reportan bajo deseo, disfunción eréctil u orgasmo retardado, algunos antipsicóticos: particularmente risperidona, haloperidol y betabloqueadores para ansiedad/hipertensión. Las soluciones existen sin sacrificar tu salud mental como cambios de medicación que no afectan la respuesta sexual, ajuste de dosis, medicamentos pro-sexual agregada para contrarrestar los efectos negativos, y la terapia sexual como complemento con uso de mindfulness, técnicas de desensibilización mientras se optimiza medicación. Tu salud mental es prioritaria, pero existen opciones para minimizar impacto sexual sin comprometer tratamiento psiquiátrico. Conversa sobre estos efectos con el Dr. Ortiz para un tratamiento efectivo y eficaz.
Es completamente comprensible sentir vergüenza, pero es un mito problemático. El Dr. Ortiz y la Dra. Yaz son profesionales entrenados y no te juzgaran. Es información médica así como discutirías dolor de espalda o presión arterial, el deseo sexual es parte de tu salud legítima. La confidencialidad está garantizada, todo se mantiene privado bajo secreto profesional. El beneficio real supera incomodidad momentánea, la mayoría de hombres reportan alivio al hablar con profesional, se sienten menos ansiosos, y mas esperanzados. Tu relación de pareja también se beneficia, al resolver la disfunción sexual , tu intimidad, mejora al igual que comunicación y la satisfacción general.
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